jueves, 9 de junio de 2016

De pequeña quería ser astronauta.

De pequeña quería ser astronauta.
Soñaba con que me probaba uno de esos grandes trajes con el agobiante casco incluido.
Soñaba con que me preparaba físicamente durante días y días, que hacia esos circuitos que se ven en las películas americanas militares, que mentía diciendo que no tenía miopía y que me metería en esas cápsulas que simulan estar en el espacio.

Hay niñas que soñaban con ser cantantes, actrices o presidentas del gobierno. Yo soñaba con ser astronauta.
Escribía historias de planetas que hablaban, de niñas que surcaban los océanos sin gravedad, de personas que subían a la Luna y pasaban las noches mecidos por ella o de ilusos que añoraban probarla porque se rumoreaba que la Luna sabía a queso.

Yo soñaba con ser la primera mujer astronauta española y estaba tan convencida que cuando conseguí el autógrafo de Pedro Duque lo grité s los cuatro vientos.
Yo de pequeña soñaba con ser astronauta, con rozar las estrellas, acunarme en la Luna, visitar cada anillo de Saturno y observar los rojos parajes de Marte.
Soñaba con ello hasta que dejé de ser niña y la gravedad me hizo chocar y poner los pies en la Tierra.

viernes, 21 de agosto de 2015

Sábado 35°


Es mi chica del sábado desde hace treinta y cinco.
Pero 'es' más que nunca y ese 35° tuvo más fuerza que cualquier otro.

Me gusta, me gusta ella.
Dice que es 'mía' pero muy suya
y no entiende que lo que más me apasiona de ella es su libertad,
que pueda volar en cualquier dirección y decida hacerlo a mi lado.

Me gusta ella.
Porque me quita las ganas de escribir con tintes melancólicos,
me provoca impotencia cada noche no verla sonreír en mi almohada.
Me provoca sueños...me provoca...hablándome entre susurros,
acercándose peligrosamente a mi cuello.

Y tira todas mis barreras, derrumba mis muros, besa mis principios
mientras sonríe y mira hacia otro lado.

Me gusta ella porque me elige a mí cada mañana,
se deja llevar para acabar perdiéndonos en cualquier calle de Madrid
sabiendo por anticipado que va a ocurrir.

Me gusta ella.
La chica que va por la vida poniendo la banda sonora que le da la gana,
la que de repente te suelta un 'idiota' (y tienes que saber que es su manera
de decir 'me encantas'.

Me gusta ella porque me cuenta la historia de su vida,
el porqué de sus heridas
me da la llave de su presente,
se ríe de mí de ve en cuando
y otras tantas me deja con ganas de más.
(Miento, no hay vez que no desee quedarme con ella
 toda la madrugada aunque suponga perder todos los buses
de Moncloa).

Me acojona no estar a la altura
pero me apasiona la idea de crear 'la nuestra'.
De acceder a sus rincones más secretos,
de que atraviese los míos.

Me encanta ella...porque tengo tantas maneras de seguir esta frase
que no me cabrían en la hoja.
Ella, que me avisa 'ojalá te enamores de mí'
y lo que no sabe es que llevo haciéndolo desde aquel primer sábado de diciembre.



domingo, 5 de julio de 2015

Orgullo LGTB

orgullo
  1. 2.
    Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno que se considera meritorio.

Ayer fue la primera vez en mi vida que he ido al Orgullo gay en Madrid, a lo largo de esta semana he leído y escuchado los tópicos ¿por qué no existe un 'orgullo hetero'? ¿por qué hacéis una fiesta para proclamar vuestra sexualidad?.

Para empezar, realmente no se trata de  'una fiesta' más, es una manera de manifestarse por todas aquellas personas LGTB que no pueden sea por la razón que sea.
Es visibilizar que existen otras formas de querer aparte de las que se nos enseñan desde pequeños, de las que salen en las películas y se suelen cantar en los éxitos del mercado musical.
Es tal y como expresa la definición, sentir satisfacción hacia uno mismo seas como seas, quererte así.
Esta segunda acepción de la rae retrata perfectamente lo que podría ser el título de la lucha que muchas personas viven día a día. O al menos define mi experiencia personal.

¿Por qué no hay día del orgullo hetero?, porque no creo que nunca una persona heterosexual haya tenido que sufrir una lucha interna consigo mismo por enamorarse de una persona, que haya llegado a odiarse por esa misma razón, a forzarse a querer a alguien de un sexo que no le atrae solo por 'demostrarse' que es 'normal', por encajar.

Realmente creo que nadie que no lo haya vivido sepa lo que es pensar por ejemplo, que algo en ti no va bien porque te gustan las chicas. Por qué besas a un chico super mono y no sientes nada más allá de la indiferencia, por qué tus amigas se enamoran, comentan y salen con personas del sexo opuesto y tú ni siquiera te fijas lo más mínimo en ellos. Todo son preguntas ¿por qué? ¿por qué yo? ¿por qué 'esto'?, quizás es cuando empieza la fase de negarte que sea real y repetirte una y otra vez que quizás sea algo transitorio, que lo mismo solo te fijas en ellas porque te gustaría tener su tipo o vestir así.

Puede que después empieces a darte cuenta que no tiene nada que ver, acabas por enamorarte de una chica y entonces tu mundo frena en seco. Te preguntas qué van a pensar tus padres, tus amigos, tus compañeros, tus vecinos si lo supieran. Si alguna vez vas a conseguir asumirlo, gritar en voz alta que da igual a quien quieras porque sigues siendo la misma persona, si alguna vez vas a llegar a querer y ser querida de verdad, si vas a llegar a casarte, a tener hijos, a formar una familia...
Esa es la parte más dura, pensar que nunca vas a llevas una 'vida normal', la típica que nos meten en la cabeza desde que aprendemos a hablar. Ver a tus amigas con novio y preguntarte si alguna vez vas a poder estar con tu pareja sin que te griten cosas como 'bolleras dais asco' '¿queréis un trío?' 'qué asco' o 'si queréis besaros que sea en vuestra casa' y cosas peores que me han llegado a decir por el mero hecho de coger de la mano a una chica y sí, en pleno Madrid capital. 
Y quizás vuelva la fase de intentar convencerte de que los chicos son los que realmente te gustan. 

¿Por qué no existe un día del orgullo hetero?, porque no creo que hayáis visto a vuestra madre echarse a llorar a escondidas cuando le has contado que te gusta una chica, dolida por 'cómo vaya a tratarte la sociedad ' por simplemente con quién estás en tu intimidad.
Ni que un día en segundo de bachillerato saliera el tema de la homosexualidad y se llegara a formar un debate 'a favor o en contra de ella' y escuchado a tus compañeros desde hace cinco años comentar que deberían encontrar una 'cura' que los homosexuales son heteros viciosos o que se alejarían de un amigo si supieran que le gustan personas de su mismo sexo.

Quizás no existe un día así porque no han vivido esa lucha contra uno mismo por un detalle tan íntimo como de quién te enamoras, a negarse a sí mismo, porque no les han obligado a 'querer en voz baja', a sentirse 'raros' o que nunca van a alcanzar lo que mucha gente entiende por felicidad.
Por esas y muchas otras razones.

Cada uno es como es y quizás lo más bonito que puede pasar es quererse así.
Quererse y querer en voz alta, gritar por conseguir los derechos que por simple sentido común deberían existir, porque el matrimonio sea como sea no es más que la unión de dos personas y tener hijos debería ser un privilegio para todo el que quiera tenerlo.
Gritar y parar el miedo hacia el que se vea como diferente solo porque no siga el patrón de la mayoría. 

El Orgullo no es solo una fiesta para celebrar que el amor es amor en todas sus formas sino también una forma de visibilizar, reivindicar, querer en voz alta y sentirse satisfecho de quien eres. Del mérito que tiene haber superado esa lucha contra los prejuicios que aún existen y de seguir soñando que en un futuro no muy próximo no será necesario escuchar a nadie decir 'es gay' o preguntarse cómo anunciar a su familia que les gusta alguien de su mismo sexo porque será irrelevante.
Quizás entonces, no haga falta celebrar un 'orgullo' porque estará presente cada día.



domingo, 4 de enero de 2015

La chica del sábado

La chica del sábado

Entonces una noche cualquiera me preguntas qué eres aparte de la chica del sábado.
Y yo no sé responderte porque te vi coger con prisas el último bus y desde entonces me has robado la sonrisa.

Me descubres que eres más de huir de todo aquello que suena a serio,
que no te ha hecho nunca gracia que te besen con prisas y me anticipas 'prométeme que no me echas de menos al otro lado de la cama'.

Y yo cierro los ojos y te busco y maldigo mi suerte,
los principios inestables y los kilómetros entre almohada y almohada.

Me dices que soy mona, 
que te hago reír y amenazas con lanzarte a mi cuello, previo aviso.

Así que no me queda otra que invitarte a mis playas,
a recorrer mi mundo,
acariciar tus sueños 
y buscar los horarios de todo tren que me llevaría a ti en menos de tres horas.

Me adviertes que no quieres que quiera nada con nadie y te susurro con la brevedad de un instante que no se me da bien querer,
que tengo más despedidas que reencuentros,
que me sobran papeles
y tengo tendencia a huir si atisbo felicidad,
que me sobran fríos, soledades, noches de invierno, vacíos
y me faltas tú.

Me amenazas con acampar en mi vida,
con cerrarme las heridas 
y no sé hacer otra cosa que obligarte a que saltes a mis precipicios.

Cuentas que aquel día quisiste besarme y no encontrabas ninguna razón para no quedarte.
Pero no sabes que mis ojos no dejan de querer encontrarte 
y perderse en tus historias.

Confiesas que imaginas cómo sería que recorriese tu espalda con mis manos, 
me lo dices la tercera noche a las cuatro de la mañana 
y solo se me ocurre escribir cómo sería tenerte en el hueco de mi cama doble en el tercer piso de un bloque cualquiera en una noche fría de Málaga.

Y te confieso como un paracaidista sin seguro mortis causa,
que no quiero querer a nadie que no tenga el brillo en tus ojos, 
la banda sonora de tu risa, 
las ganas que me provocan apostar al doble por ganarte a ti.

Diciembre 2014.

viernes, 2 de enero de 2015

Declaración de des(amor) propio

Declaración de des(amor) propio.

No te enamores de mí porque sé escribir y puedo convertirte en todo aquello que jamás has imaginado.

No lo hagas porque podría envolverte con la delicadeza de un regalo de cumpleaños que acaba abandonado en un contenedor para niños pobres.

No te enamores de mí porque los poetas mienten más que escriben,
mueren más que viven
e idealizan unas diez veces por segundo.

No te enamores de mí porque llevo por bandera una puerta secreta a diez precipicios y un himno que encanta con voz de sirena.

No lo hagas porque pierdo más batallas que gano y en ninguna se me ha visto levantar un paño blanco.
Nadie me ha visto contar diez jugando al escondite porque me salto nueve, descubro mis ojos y huyo de vuelta a casa.

Nadie me ha visto sonreír un domingo y juro que la guitarra es lo más bonito que han tocado mis manos.
Ten cuidado porque odio los puzzles pero sé ser la pieza que falta a todos los rompecabezas,
el número que soluciona un sudoku,
la palabra con la que empiezas el crucigrama.
Ten cuidado porque escribo más que leo, duermo más que sueño (y sueño y sueno utópica a partes iguales).

Pero sobre todo, cuídate (de mí)
porque lo mismo te hago bailar libre, despeinada, con la respiración y la vida alborotada. Y te enganchas.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Radiografía

'A veces odio todo lo que algún día quise'

Odio los lunes y los martes por la tarde.
Los domingos sin planes.
Los parques vacíos de gritos infantiles.
Los perfumes fuertes, a las personas que los llevan
y a los que se maquillan en exceso.

Odio perderme los amaneceres
y ver cada mañana gente que se encamina
por una vida preestablecida y se vencen al cansancio rutinario.

También odio las sonrisas por compromiso y los compromisos sin risas.
Los sueños rotos y llevar los bolsillos vacíos de ilusión,
mirarte al espejo y no querer comerte el mundo.

Odio a su vez a los que contagian la desidia,
a los que merecen más la pena que la alegría.
Y los días de lluvia en que nadie me saca a perderme
por cualquier ciudad.

Odio los reencuentros sin abrazos,
las despedidas en las que ninguno quiere marcharse
(Ilustración de Paula Bonet)
pero no surgen excusas para dar un beso en la frente
a base de
garantía de un futuro próximo y prometedor.

Odio el vacío que te llena
como un tsunami que te inunda cuando alguien
con quien compartías algo más que promesas y un par de besos,
se desvanece como una cajetilla de acuarelas tiradas por el desagüe.

Y las ganas de no parar de llorar,
de romperte escribiendo hasta acabar con ese vínculo que te une al ausente
para acabar fingiendo que nunca ha existido,
que el amor es un espejismo;
y el azar un cabrón con ganas de jugar a los dados.

Odio las estaciones (sin ella)
o las odiaba.
Las noches de llegar reventada y no encontrar su mano acariciando mis sueños.
Odio el frío desde que no es excusa para que me abraces,
y los semáforos en rojo, el fotograma de tus labios perdidos en los míos.
O que Madrid, ya solo sea un par de calles sin alma
un cielo contaminado por la monotonía, sin espacio para estrellas.



sábado, 18 de octubre de 2014

Experimento económico

Experimento económico (o cómo intentar hacer un texto que plasme sentimientos, incluyendo palabras del frío vocabulario de una noticia financiera).

El ayer fueron días de vino y rosas,
donde jugábamos a retar al futuro intentando manejar el azar.

Fueron apenas unos meses y se antojaban un lustro en ese universo
paralelo que supimos crear en medio de aquel vacío que nos ha acabado por llenar.

Éramos entidades incitadas al desahucio,
polos que algún día dejarían de atraerse
para acabar perdidos en un océano que nos ahogaría en este tsunami de indiferencia.

En las historias de amor no hay buenos, ni malos o al menos en la nuestra solo había
blockers cobardes destinados a esta Gran Recesión que es el borrar los dos puntos a nuestros suspensivos, tabla en medio de aquella locura de acciones.
Esos puntos con toque amargo de final (o eso dicen las cifras corporativas de tu manía
contable, que constituyó el saldo conjunto de esta depresión).

Aquel espíritu financiero, el sueño con aquellos activos inmobiliarios
compartidos y esas modificaciones legislativas en todos mis credos fueron
tan sólo una inducción más al fracaso, a esa crisis cíclica pero definitiva que se ha llevado
hasta las deudas con tu piel.